lunes, 30 de septiembre de 2013

La fiesta de Blas


 

 
Entre fotografías de grupos de amigos y parientes vendimiando y bebiendo mosto en Abrucena, de abuelas de Pulpí convertidas en reinas de las fiestas en honor de San Miguel y de bebés recién nacidos con nombres tan bonitos como Zahir o Naydi, veo en un periódico toda una página a color dedicada a la crónica social de la apertura del año judicial en la provincia.

A juzgar por las imágenes, el fotógrafo empezó a trabajar cuando ya había transcurrido el presunto acto institucional (si es que hubo), porque las instantáneas recuerdan más a “La Fiesta de Blas”, aquella canción de Fórmula V (“que felices seremos hablando sólo de nuestro amor…”, decía la letra) que a un solemne y protocolario acto judicial, en el que los representantes judiciales lucen sus mejores galas. Llegaría tarde, ya digo. Y ahí están, posando para la cámara a ritmo de “patata”.

Nunca mejor dicho: es justo que los “operadores jurídicos” – como los define la crónica- tengan derecho a tomarse unas cervezas y unas tapicas a cuento de su profesión. Incluso la presidenta de la Audiencia Provincial puede tener razón al afirmar que, desde que llegó al cargo, busca “transmitir proximidad a la sociedad”. ¡Qué mejor acercamiento a los ciudadanos que encontrarse cara a cara, y con una croqueta del Club de Mar en la mano, al responsable del juzgado que ha fijado para dentro de trece, catorce o quince meses tu reclamación salarial!. Éso une mucho.

No está el patio para mucha mesa larga con “Cruzcampos” y platos de jamón más fotos del ágape en los medios. Hay juzgados saturados, con cargas infinitas, pocos o nulos medios, funcionarios sobrecargados, redes informáticas colgadas donde el tiempo se mide por otro meridiano y, sobre todo, unos responsables políticos que pretenden resolver el atasco obligando al ciudadano a que pase por caja.

Y aunque las citas se han acortado, hoy por hoy, existen personas que esperan a los meses de julio o septiembre de 2014 para que juzgados de lo Social de Almería atiendan sus demandas por despido laboral o por salarios impagados. Y luego, aguardar la sentencia…

Por poner sólo un ejemplo: el Contencioso Administrativo número 2 de Almería dictó sentencia el 30 de abril de 2013 a una demanda presentada el 9 de septiembre de 2010. Nada menos que dos años, siete meses y veintidós días para ¡encima! fallar contra el demandante porque no presentó su reclamación de cantidad fechas después de producirse el motivo de la demanda. Lo dicho, no está la cosa para fiesta.

 

 

 

sábado, 24 de agosto de 2013

El sudoku de la Feria

SI quiere poner en un aprieto a un almeriense, pregúntele qué fiestas locales son las que tocan este año. O cuestiónele sobre el día que empieza la feria de agosto. No hay jeroglífico más complicado en el calendario laboral que adivinar si la festividad local es el Día del Pendón o la festividad de San Juan. Varía tanto como la atmósfera en primavera y,claro, al final el ciudadano se hace un lío. La manía del alcalde de alterar los festivos locales no sólo trasciende ya a las fechas descritas de diciembre y junio, sino que ha convertido los días de feria en otro sudoku, complicado de resolver. Si ya de por sí escasos habitantes de la capital saben que el día de la Virgen del Mar es el sábado anterior al último domingo de agosto, ya se ha encargado el presidente de la Corporación de reducir la feria para complicarlo aún más. Toda la vida, la feria ha durado 222 horas; las comprendidas entre las ocho de la tarde de un viernes hasta las dos de la madrugada de dos lunes más tarde. Éso, hasta ahora. Sin más argumentos que la opinión personal de que la feria era muy larga, el alcalde metió la tijera reduciendo su tiempo en casi un veinte por ciento. Menos días, menos feria del mediodía, menos toros, menos juerga... menos de casi todo. Es evidente que esa reducción de tiempo de fiesta trae consigo que los feriantes den menos vueltas con sus tiovivos o cochecicos de choque, que los chiringuitos del mediodía reduzcan la caja o que las casetas de noche pierdan uno de lo que siempre se ha llamado "de los días fuertes". Amén de ello, el Consistorio almeriense paga menos días por la limpieza extraordinaria del recinto y su seguridad, por el suministro eléctrico de las calles y hay menor actividad lúdica o cultural. Esta sopa de fechas es lo peor que nos puede pasar para consolidar nuestras tradiciones y fiestas patronales. Amén de que el almeriense es poco dado en éso de clamar por lo suyo, si cada año viene marcado por los caprichos del regidor jamás tendremos una identidad consolidada. A Fernando Martínez, siendo alcalde por el PSOE, ya se le ocurrió la brillante ocurrencia de denominar a la feria como la "Del Mediterráneo", pero aquella fugaz idea no cuajó porque era un intento de ocultar que los festejos son "en honor de la Virgen del Mar". Aquello, sinceramente, no me gustó, pero aún me desagradan más los recortes en los días de feria elucubrados por Comendador. Habrá que esperar tiempos mejores y alcaldes con más ganas de aumentar la diversión. Que falta nos hace.

miércoles, 24 de julio de 2013

La ERE-dera



En éso de las herencias, la Junta de Andalucía sabe mucho. Además del afán recaudatorio con el que castiga a sus ciudadanos sobre el patrimonio que los padres transfieren a sus hijos, las herencias en el gobierno autonómico andaluz se están convirtiendo en una nefasta tradición. Aquello de que al presidente le suceda en el cargo aquel militante que le cae bien, aquel otro que es buena persona o aquella niña bonita que resulta simpática se ha convertido ya en una mala tradición en el ejecutivo sevillano.
José Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta durante seis años y hasta 1990, accedió por primera vez al máximo cargo político de la región el 8 de marzo de 1984 con 37 años, sin haber ganado unas elecciones, pero gracias a la dimisión de Rafael Escudero. Luego, sí; triunfó en los comicios de 1986, pero en su caso hizo buen uso de la herencia recibida... hasta que llegó Manuel Chaves y se apoltronó en el poder desde julio de 1990 a abril de 2009. Más tarde, recuperando la costumbre de las herencias, legó el poder al madrileño José Antonio Griñán. Éste, con diferencia, ha sido el más hábil de cuantos han pasado por allí ya que ha permanecido dos legislaturas como presidente sin haber ganado ni unas elecciones.
Y ahora, llega Susana. La niña bonita (para Griñán) ha gestionado de forma tan eficaz su futura llegada al poder que con las “primarias express” se ha proclamado líder socialista diluyendo a los críticos del partido y, en septiembre, se sentará en la poltrona como primera mujer que gobierne Andalucía... habiendo perdido su partido unos comicios. Me hizo mucha gracia ver las caras de algunos socialistas almerienses fotografiados alrededor de Susana, en su reciente viaje promocional a la capital buscando apoyos. Esta mujer huele a poder.
No obstante, los analistas políticos residentes en Sevilla afirman que en este cambio mucho tiene que ver la juez Mercedes Alaya y el interventor de la Junta. De ser cierto lo expuesto, Susana sería la ERE-dera. Al tiempo.




José Manuel Bretones.
Enviado desde mi iPhone
José Manuel Bretones.
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martes, 16 de julio de 2013

Esperpento municipal


 
El caos burocrático de las administraciones locales es tal que ya ronda el esperpento. No, no sólo me refiero a la hábil forma de hurtar a los ciudadanos con el Impuesto de Bienes Inmuebles que ha tenido, estos años, el Ayuntamiento de la capital, sino a la cantidad de errores que están detectándose por la generalizada nefasta gestión de los tributos y tasas municipales en muchos ayuntamientos. Y, casualidad, siempre los errores informáticos, los descuadres financieros y los apuntes tributarios son en contra del ciudadano. Hay un error y, siempre, el contribuyente es el que paga de más. Hace poco, otro fallo mecánico del ruter, del servidor, o del dedo perezoso del funcionario permitió que un ayuntamiento grancanario cobrara con recargos, apremios y embargos los impuestos de circulación de vehículos que llevaban no ya uno, sino varios años dados de baja. El error fue, precisamente, detectado a miles de kilómetros por uno de los sufridos contribuyentes que reside en Almería y que obligó a la pachorra Alcaldía canaria a devolver lo cobrado de más. En ese caso no pudo suceder como en la capital almeriense, que un avispado peatón avisó –como si cruzara malamente un paso de cebra- a la concejala de turno por la calle de que estaba cobrando de más por la Contribución. La escena, tanto si es cierta como si no, no merece más que el cese fulminante de la edil: por haberse callado si sabía el exceso de cobro o por decir tamaña imbecilidad si era ajena a lo que se cocía en su propio despacho. Claro que, después de saber que ella firmaba documentos oficiales exigiéndose a sí misma la recaudación de impuestos o tasas todo es posible.

Claro que en esa Corporación de mayoría absoluta de 18 concejales parece que la comunicación interna fluye poco o mal, lo cual  no es excusa para asfixiar a los ciudadanos con tanto impuesto. Hay ejemplos de ciudadanos que el 9 de enero de 2012 solicitaron hablar con el alcalde, a través de su jefe de gabinete, y aún esperan un sí o un no. Yo ya, desconfiaría.

Pero, a lo que voy, lo más gracioso de esta administración super tecnificada pero incapaz es lo ocurrido en Carboneras, cuyo alcalde firmó un decreto publicado en el Boletín de la Provincia  exigiéndole al ciudadano con DNI 00.000.014Z que pagara la tasa de basura de un inmueble. No sabía yo que Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, es decir la mujer de Urdangarín, tenía una casita en el pueblecico.

martes, 2 de julio de 2013

Los águilas rojas del Toblerone

Estoy sorprendido de comprobar cómo una ciudad, en la que se ha dejado caer a trozos podríos parte de nuestro ya desaparecido rico patrimonio, reivindica ahora con pundonor el mantenimiento de distintos lugares, inmuebles y parajes de escaso valor o nula trascendencia. En poco tiempo, mientras la muralla que corona la calle Antonio Vico se cae a pedazos entre mugre y escombros, han nacido valerosos campeadores en pro de mantener en su ruinoso estado el oxidado Toblerone o la pulgosa cueva de Cónan. Mientras clavaban el último tornillo de la horrenda prótesis de aluminio de la torre de la Alcazaba, se han organizado campañas en pro de la defensa de La Molineta. Mientras los parajes naturales sufren a diario el deterioro de los lanzadores de clínex, de los olvidadizos bebedores de latas y de los fumadores que aún siguen destrozando su cuerpo por el tabaco con filtro, los “águilas rojas del Salvemos… lo que sea” salen en primera página. Sí, porque ahí subidos y triunfantes, paralizando las obras de desmonte parecían una versión mala del personaje de la tele, aunque éstos con la cara bien descubierta para salir guapos en la foto. Mientras el Toblerone era un peligroso monstruo de óxido junto a unos colegios donde se refugiaban maleantes o era el inodoro de quienes caminaban con un apretón por la carretera de Sierra Alhamilla, entonces, entonces nadie reivindicaba su mantenimiento y conservación como patrimonio industrial.

Almería es así de peculiar. Los colectivos sociales y vecinales apenas se alteran por nuestro constante y ancestral olvido y malgastamos energía en reivindicar cuestiones superfluas. No digo yo que no hubiera que haber salvado la gruta donde se rodó la película de Cónan o que sea mejor o peor el proyecto del antiguo silo del mineral. Lo que me indigna es comprobar cómo el resto de provincias nos siguen sacando ventaja en todo y en Almería perdemos el tiempo reivindicativo en cuestiones calderilla. Aún no he visto a estos personajes de la portada del periódico encadenarse por la paralización de las obras del Hospital Infantil de Torrecárdenas, o quejarse por el pitorreo a los ciudadanos por aquella Facultad de Medicina fantasma que otro iluminado por Marx nos prometió; o manifestarse en la antigua estación de ferrocarril por su estado de abandono; o exigir ¡ya! el tren de alta velocidad para Almería; o lamentarse por la inacabada autovía del Almanzora; o… Desde luego, no tenemos remedio y así nos va.

 

lunes, 24 de junio de 2013

Periodismo de primera oé


EL merecido ascenso de la UD Almería a la Primera División de fútbol – o liga BBVA como le llaman ahora- no sólo traerá a sus futbolistas y técnicos una mayor y mejor proyección deportiva. A la provincia también le vendrá muy bien aumentar sus ingresos el 0,2% de su PIB, según estimó el presidente de la Cámara de Comercio. Y los aficionados ganarán emociones viendo en el Estadio de los Juegos Mediterráneos a los Messi, Neymar, Ronaldo o Sergio Ramos.

Y otro colectivo laboral que saldrá beneficiado es el que forman los periodistas deportivos de la ciudad. La mayoría ya ha saboreado el dulce almíbar profesional de retransmitir, escribir o narrar para toda España crónicas y reportajes de un equipo local en la Liga de las Estrellas. Por éso, es muy posible que los mismos errores de campañas pasadas vuelvan a repetirse. Resulta indudable que hace falta ser un profesional de primera división para poder informar de lo que ocurre en esa categoría. Los latiguillos, las añejas frases hechas y los reportajes patrocinados por el morro de aquellas tristes épocas de Tercera División o Segunda B ya deberían ser historia. A tiempos nuevos necesitamos profesionales renovados, formados y reciclados. Es verdad que parece que estoy generalizando y eso es injusto, porque la mayoría de los jóvenes periodistas almerienses dominan las redes sociales como nadie, escriben y hablan fenomenal y llevan a la práctica nuevas fórmulas de periodismo deportivo gracias a sus cursos, Máster o formación permanente.

Lo que resulta inadmisible es que con el argumento gratificante de la UD Almería en Primera leamos gacetillas casi propagandísticas de tartas y camisetas rojiblancas con faltas de ortografía, escuchemos con reiteración que el estadio se llama Mediterráneo cuando su precioso nombre evoca uno de los hechos más dignos de nuestra historia o que me griten por la radio las bondades de una marca de pinturas que apoya al equipo.

Ahora me acuerdo de aquellos periodistas deportivos almerienses que – en los años ochenta, tenían que sacar adelante crónicas de radio e informaciones para sus periódicos de equipos de la provincia que jugaban en campos inmundos y perdidos, donde no había ni un teléfono a dos kilómetros a la redonda. Aquellos compañeros –algunos de ellos sí que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos y tecnologías- informaban de un equipo de Tercera, pero como profesionales eran auténticamente de Primera División ¡oé!.   

jueves, 13 de junio de 2013

Gran Hermano Arapiles

El aire de la mañana, cargado de yodo del cercano Mediterráneo, te acaricia la cara como un suspiro de buenos días. En invierno, cuando el sol está a punto de despuntar por el Cabo de Gata, las primeras luces imprimen unos claroscuros dignos de ser llevados a un lienzo por el mejor pintor Indaliano. Las aceras recién baldeadas con agua limpia refrescan el paso del madrugador que, puntual, enfila hacia su trabajo cruzándose con los últimos y desaseados noctámbulos que en zigzag buscan su catre.  Y un silencio que duele se rompe, de vez en cuando, por un niñato que pasa en motillo a diez por hora, pero con el escape libre.

Así es la calle Arapiles cuando la ciudad se despereza, cuando los ciudadanos inician la rutina diaria. Un vecino en pijama que saca la cabeza entre macetas para comprobar si llueve, una cortina entreabierta por la que asoma una joven despeinada y con ojeras… por Arapiles marchan los niños de uniforme cargados con sus mochilas camino del lejano colegio concertado al que entraron con trampas; por allí caminan temblorosas y recién perfumadas con colonia de mercadillo las pensionistas que van ideando qué comer para estirar su mísera pensión de viudedad; la calle Arapiles es el camino recto para quienes se tuercen en la vida ya que a tiro de piedra se encuentran la Hacienda del Estado, la Hacienda de la Junta, el CSIF, el Gobierno Civil y la Comandancia de Marina. Mucho formalismo para tan pocos metros.

Pues hemos sabido que todo eso, el aire mañanero, los rayitos de sol, los escolares píos, las viejecicas aromatizadas, el tío en pijama… era registrado, controlado y grabado por una de las nueve cámaras que el democrático gobierno autonómico de izquierdas –ése al que le gusta tanto supervisar el bien de sus súbditos- autorizó a enchufar en la puerta de su delegación provincial de Hacienda y Administración Pública. Como la Agencia de Protección de Datos investiga tamaña osadía contra la intimidad peatonal y vecinal hemos podido conocer la existencia de esos dispositivos.

Y digo yo que siendo ésa la delegación que gestiona la Administración Pública –y por tanto a los funcionarios- y con tanta cámara grabando, cómo la consejera-cirujana Aguayo no ha detectado la presencia diaria en sus puertas de tanto peoncito mañanero perdiendo el tiempo. Todas las jornadas laborables, durante veinte minutos y hasta las ocho, un nutrido grupo de empleados públicos que –eso sí, ya han fichado- desarrollan con tranquilidad las labores propias para engrandecer Andalucía: hablan de fútbol, del fin de semana, ponen verde al jef@, se quejan del estrés, enlazan días de asuntos propios, wasapean... Mientras, son grabados por nueve cámaras. Es la nueva versión de Gran Hermano: Arapiles.