Almería es así de peculiar. Los colectivos sociales y
vecinales apenas se alteran por nuestro constante y ancestral olvido y
malgastamos energía en reivindicar cuestiones superfluas. No digo yo que no
hubiera que haber salvado la gruta donde se rodó la película de Cónan o que sea
mejor o peor el proyecto del antiguo silo del mineral. Lo que me indigna es
comprobar cómo el resto de provincias nos siguen sacando ventaja en todo y en
Almería perdemos el tiempo reivindicativo en cuestiones calderilla. Aún no he
visto a estos personajes de la portada del periódico encadenarse por la
paralización de las obras del Hospital Infantil de Torrecárdenas, o quejarse
por el pitorreo a los ciudadanos por aquella Facultad de Medicina fantasma que
otro iluminado por Marx nos prometió; o manifestarse en la antigua estación de
ferrocarril por su estado de abandono; o exigir ¡ya! el tren de alta velocidad
para Almería; o lamentarse por la inacabada autovía del Almanzora; o… Desde
luego, no tenemos remedio y así nos va.
martes, 2 de julio de 2013
Los águilas rojas del Toblerone
Estoy sorprendido de comprobar cómo una ciudad, en la que se
ha dejado caer a trozos podríos parte de nuestro ya desaparecido rico patrimonio,
reivindica ahora con pundonor el mantenimiento de distintos lugares, inmuebles
y parajes de escaso valor o nula trascendencia. En poco tiempo, mientras la
muralla que corona la calle Antonio Vico se cae a pedazos entre mugre y
escombros, han nacido valerosos campeadores en pro de mantener en su ruinoso
estado el oxidado Toblerone o la pulgosa cueva de Cónan. Mientras clavaban el último
tornillo de la horrenda prótesis de aluminio de la torre de la Alcazaba, se han
organizado campañas en pro de la defensa de La Molineta. Mientras los parajes
naturales sufren a diario el deterioro de los lanzadores de clínex, de los
olvidadizos bebedores de latas y de los fumadores que aún siguen destrozando su
cuerpo por el tabaco con filtro, los “águilas rojas del Salvemos… lo que sea” salen
en primera página. Sí, porque ahí subidos y triunfantes, paralizando las obras
de desmonte parecían una versión mala del personaje de la tele, aunque éstos con
la cara bien descubierta para salir guapos en la foto. Mientras el Toblerone
era un peligroso monstruo de óxido junto a unos colegios donde se refugiaban
maleantes o era el inodoro de quienes caminaban con un apretón por la carretera
de Sierra Alhamilla, entonces, entonces nadie reivindicaba su mantenimiento y
conservación como patrimonio industrial.
lunes, 24 de junio de 2013
Periodismo de primera oé
EL merecido ascenso de la UD Almería a la Primera División
de fútbol – o liga BBVA como le llaman ahora- no sólo traerá a sus futbolistas
y técnicos una mayor y mejor proyección deportiva. A la provincia también le
vendrá muy bien aumentar sus ingresos el 0,2% de su PIB, según estimó el
presidente de la Cámara de Comercio. Y los aficionados ganarán emociones viendo
en el Estadio de los Juegos Mediterráneos a los Messi, Neymar, Ronaldo o Sergio
Ramos.
Y otro colectivo laboral que saldrá beneficiado es el que
forman los periodistas deportivos de la ciudad. La mayoría ya ha saboreado el
dulce almíbar profesional de retransmitir, escribir o narrar para toda España crónicas
y reportajes de un equipo local en la Liga de las Estrellas. Por éso, es muy
posible que los mismos errores de campañas pasadas vuelvan a repetirse. Resulta
indudable que hace falta ser un profesional de primera división para poder
informar de lo que ocurre en esa categoría. Los latiguillos, las añejas frases
hechas y los reportajes patrocinados por el morro de aquellas tristes épocas de
Tercera División o Segunda B ya deberían ser historia. A tiempos nuevos
necesitamos profesionales renovados, formados y reciclados. Es verdad que parece
que estoy generalizando y eso es injusto, porque la mayoría de los jóvenes
periodistas almerienses dominan las redes sociales como nadie, escriben y
hablan fenomenal y llevan a la práctica nuevas fórmulas de periodismo deportivo
gracias a sus cursos, Máster o formación permanente.
Lo que resulta inadmisible es que con el argumento gratificante
de la UD Almería en Primera leamos gacetillas casi propagandísticas de tartas y
camisetas rojiblancas con faltas de ortografía, escuchemos con reiteración que
el estadio se llama Mediterráneo cuando su precioso nombre evoca uno de los
hechos más dignos de nuestra historia o que me griten por la radio las bondades
de una marca de pinturas que apoya al equipo.
Ahora me acuerdo de aquellos periodistas deportivos
almerienses que – en los años ochenta, tenían que sacar adelante crónicas de
radio e informaciones para sus periódicos de equipos de la provincia que
jugaban en campos inmundos y perdidos, donde no había ni un teléfono a dos kilómetros
a la redonda. Aquellos compañeros –algunos de ellos sí que han sabido adaptarse
a los nuevos tiempos y tecnologías- informaban de un equipo de Tercera, pero como
profesionales eran auténticamente de Primera División ¡oé!.
jueves, 13 de junio de 2013
Gran Hermano Arapiles
El aire de la mañana, cargado de yodo del cercano
Mediterráneo, te acaricia la cara como un suspiro de buenos días. En invierno,
cuando el sol está a punto de despuntar por el Cabo de Gata, las primeras luces
imprimen unos claroscuros dignos de ser llevados a un lienzo por el
mejor pintor Indaliano. Las aceras recién baldeadas con agua limpia refrescan el
paso del madrugador que, puntual, enfila hacia su trabajo cruzándose con los
últimos y desaseados noctámbulos que en zigzag buscan su catre. Y un silencio que duele se rompe, de vez en
cuando, por un niñato que pasa en motillo a diez por hora, pero con el escape libre.
Así es la calle Arapiles cuando la ciudad se despereza,
cuando los ciudadanos inician la rutina diaria. Un vecino en pijama que saca
la cabeza entre macetas para comprobar si llueve, una cortina entreabierta por
la que asoma una joven despeinada y con ojeras… por Arapiles marchan los niños de uniforme cargados
con sus mochilas camino del lejano colegio concertado al que entraron con
trampas; por allí caminan temblorosas y recién perfumadas con colonia de
mercadillo las pensionistas que van ideando qué comer para estirar su mísera
pensión de viudedad; la calle Arapiles es el camino recto para quienes se
tuercen en la vida ya que a tiro de piedra se encuentran la Hacienda del
Estado, la Hacienda de la Junta, el CSIF, el Gobierno Civil y la Comandancia de
Marina. Mucho formalismo para tan pocos metros.
Pues hemos sabido que todo eso, el aire mañanero, los
rayitos de sol, los escolares píos, las viejecicas aromatizadas, el tío en
pijama… era registrado, controlado y grabado por una de las nueve cámaras que
el democrático gobierno autonómico de izquierdas –ése al que le gusta tanto
supervisar el bien de sus súbditos- autorizó a enchufar en la puerta de su delegación
provincial de Hacienda y Administración Pública. Como la Agencia de Protección
de Datos investiga tamaña osadía contra la intimidad peatonal y vecinal hemos
podido conocer la existencia de esos dispositivos.
Y digo yo que siendo ésa la delegación que gestiona la
Administración Pública –y por tanto a los funcionarios- y con tanta cámara grabando,
cómo la consejera-cirujana Aguayo no ha detectado la presencia diaria en sus
puertas de tanto peoncito mañanero perdiendo el tiempo. Todas las jornadas laborables,
durante veinte minutos y hasta las ocho, un nutrido grupo de empleados públicos
que –eso sí, ya han fichado- desarrollan con tranquilidad las labores propias
para engrandecer Andalucía: hablan de fútbol, del fin de semana, ponen verde al
jef@, se quejan del estrés, enlazan días de asuntos propios, wasapean... Mientras, son
grabados por nueve cámaras. Es la nueva versión de Gran Hermano: Arapiles.
lunes, 10 de junio de 2013
Cuento: El ogro verde
Un domingo por la mañana, Pepito se bajó del avión feliz y
contento porque había vuelto a casa. Venía cargadito de maletas repletas de
cositas y regalos para su familia y amigos. Pepito estaba contento, a pesar de
haberle entregado a los piratas del aire un puñado de monedas para que la
barriga del avión llevara todas sus cositas. Mientras caminaba hacia la
terminal del aeropuerto, Pepito pensaba lo feliz que haría a sus amigos con los
jugueticos que traía; la alegría de su primo Juanito cuando desliara el lazo
del gran paquete rojo y los saltos de alegría de Paquito al descubrir el
cochecillo verde con luces azules intermitentes, con el que podría correr alrededor
de la glorieta.
Pepito, a pesar de su edad, disfrutaba con esas pequeñas cosas
de la inocencia de la vida. Pensaba que todo el mundo era bueno, amable,
servicial; que todas las personas eran atentas y cariñosas. Así, con el rostro
cándido, aguardaba a que la cinta le entregara su equipaje, pero por dentro tenía
el desasosiego equiparable a una noche de Reyes; a una fiesta sorpresa; al
segundo anterior a soplar las velas de una tarta de cumpleaños. ¡Quería
entregar ya sus regalos!
Pero a Pepito le esperaba una sorpresa muy desagradable. Un
ogro disfrazado de verde vio que Pepito era caza fácil para escupir en él su agria
adrenalina, para vomitarle su aburrida incompetencia, para dispersar su
frustración laboral dominguera, para –en definitiva- demostrarle quien manda. Los
más débiles siempre han sido la presa preferida de los infames. Y el ogro verde
se cebó con el angelico de Pepito. Sin más crimen que el de estar ahí, le cayó
una tormenta de gritos, menosprecios, miradas terroríficas, malos modos... pobre
Pepito. Llegó tan feliz y fue ridiculizado por el malvado e indocumentado ogro
verde.
Cuando pudo zafarse de las garras verbales del maldito bicho,
Pepito salió corriendo con sus maletas; los nervios le aturullaban, las piernas
se movían como dos rabos de lagartija y con la voz rota y entrecortada apenas podía
contar su nefasta experiencia.
-“Hay que hacer algo”, sentenció su abuelo mientras
intentaba tranquilizar, entre sus piernas, al nervioso y asustado Pepito. Y el
abuelo escribió, telefoneó, se quejó, avisó de la presencia de tan dañino ser, pero
todo fue inútil. La sentencia resultó contundente: el inocente…. ¡era el ogro!.
Moraleja: Si desembarcas feliz, ten cuidado con el perverso ogro
verde; la inocencia también es suya.
martes, 4 de junio de 2013
La liquidez de Rafaela
Si tiramos de memoria, o de archivo, podríamos confeccionar una lista súper interesante con todos los concejales responsables de Hacienda que han pasado, desde el año 1979, por el Ayuntamiento de Almería. Los hay de toda condición y aptitudes. Desde los ahorradores y escrupulosos con el gasto, que sostuvieron las arcas municipales pesetica a pesetica, hasta los ediles despilfarradores y manos rotas que –mientras sorbían un carajillo en el desaparecido Bar “El Paso”- vieron asomar el fantasma de la quiebra municipal por la calle Mariana, camino del Consistorio.
Recuerdo que, en mayo de 1986, cuando un grupo de parados se declaró
en huelga de hambre en la Plaza Vieja clamando trabajo, el responsable de los
cuartos municipales –que sabe Dios por donde andará- culpó al concejal popular
-hoy Subdelegado del Gobierno- Andrés García Lorca de haberlos mandado allí
para desestabilizar y poner nervioso al bueno de Santi Cabrejas.
Hubo otro que, en marzo de 1992, insinuó en privado que los
comerciantes del centro fregarían el suelo de sus tiendas con Casera porque el
Ayuntamiento les iba a cortar el suministro de agua y que, además, el nuevo
Impuesto de Actividades Económicas les caería con todo su peso.
Ya a finales de 2001, deambuló por los pasillos de la Casa un
concejal de Hacienda que “interpretaba” a su gusto los plazos legales de las
leyes y normas; cuando le interesaba se hacía el sordo y presentaba los
presupuestos municipales al pleno cuando tenía un ratico libre en su casa del
pueblo.
Todo eso es historia; el presente es peor. Mucho peor. Hoy, la
responsable de la Hacienda local, Rafaela Abad, gestiona con sus sabuesos de plaza
fija el cobro del Impuesto de Bienes Inmuebles con una subida del 11% sobre el
año pasado, adelanta cuatro meses las fechas de pago “voluntario” y, encima,
declara a los periodistas que todo se ha ordenado por el bien de los ciudadanos
“para mejorar su liquidez…”
El último informe de TINSA, una multinacional líder en valoración inmobiliaria, cifra en un 12,8%
el descenso del valor de las viviendas situadas en la costa mediterránea; mientras, el
Ayuntamiento de Almería sube el IBI un 11%.... Y encima, recochineo. Cuando los
almerienses que -todavía- cobran la extra de verano deban emplearla en sufragar
el impuesto municipal, a doña Rafaela se le va a caer “la liquidez” de las
manos de tanto que la van a nombrar.
sábado, 4 de mayo de 2013
Una pesetica pá la maya municipá
No se le ha ocurrido otra cosa al Ayuntamiento de Almería que abrir el plazo de pago voluntario del Impuesto de Bienes Inmuebles (antigua Contribución) el día de la fiesta de la Cruz. Todo un simbólico guiño al contribuyente que, en este ejercicio, ha sido castigado con una subida del 11%. Eso sí que es una cruz. Así es nuestro Consistorio: las viviendas y locales comerciales cada vez valen menos y el PP cada año cobra más. Durante el pasado ejercicio el incremento del impuesto fue casi inapreciable, pero en 2013 se han sacado de la manga un subidón de padre y muy alcalde mío. Y lo más gracioso es que, en vísperas de lanzar a los buzones de los ciudadanos el regalito del pago, anunciaron a bombo y platillo que bajarían el IBI… en 2014. Es decir, primero lo subo más de un once por ciento y, luego, en vísperas de año electoral lo bajo un poquillo y lo vendo como Dios.
Esta Corporación se está caracterizando, por el contrario de
las anteriores que invirtieron y mucho en la ciudad, por su desmedido afán
recaudatorio. Hay tasas e impuestos por todo, de todo y para todo. Miras el
listado del calendario fiscal del año y
se te caen los pies al suelo; eso, además de las tasillas por cuestiones
cotidianas. Ya pasó en la legislatura de 1983, cuando el PSOE también gobernó con
la prepotencia de 18 concejales. Las tasas e impuestos se dispararon de una forma
desmesurada. Los socialistas nos exprimieron tanto en aquellos cuatro años que
no volvieron a obtener jamás ese número de ediles. Debe ser cosa de las
mayorías absolutas aplastantes…
Pues, en este Ayuntamiento del alcalde-senador tampoco van a
la zaga en su locura impositiva. Con claras instrucciones a sus adiestrados funcionarios
del área de Hacienda “hay que recaudar, recaudar y recaudar”, la ciudad se está
deteriorando pero los depósitos bancarios del consistorio brillan con el
esplendor de los millones de euros.
Tras la original idea de empezar a cobrar el IBI el Día de la
Cruz y ya que la excelsa edil de Hacienda, Rafael Abad Vivas-Pérez, quiere
sacarnos hasta el tuétano le propongo un nuevo ingreso extraordinario: Todo
ciudadano que pise dependencias municipales deberá abonar una tasa por uso y
desgaste de losa. Eso sí, para hacer el pago más llevadero podrían vestir de
maya a la concejala Carolina Lafita, sentarla en una silla de nea y, en la
Plaza Vieja, los ediles Carlitos Sánchez con una guitarrilla sin cuerdas y Manolico
Guzmán vestido de flamenco que pidan “una pesetica pá la maya municipá”. Pagar
esa tasa sí que sería divertido.
domingo, 7 de abril de 2013
Mi padre tiene poderes
Como
ahora hay que guardar cualquier papel que refleje la acción más cotidiana, la
casa se convierte en un gran archivo. Los cajones son una inmensa memoria de
tiquets, facturas, albaranes, garantías, cajas de cartón, recibos y
comprobantes. Te los exigen para justificar un gasto, cambiar un artículo
defectuoso, canjear un premio ridículo o, simplemente, hay que conservarlos
varios años por si un tocapelotas de Hacienda se acuerda de tu NIF. A una cajera del
Carrefour le pagas con la Visa y con el recibo de la firma te entrega una
colección de papelillos con rebajas, saldos acumulados, ofertas y promociones
que no sabes dónde meter. A más de uno le he visto salir del hiper con los
papelitos atrapados entre los labios, agobiado entre tanta bolsa, el carro y
las llaves del coche colgadas del meñique. Luego, compruebas que el descuento no te sirve, salvo si
compras en enero unas chancletas de playa de color lila y la oferta tampoco te
viene bien porque tendrías que desayunar mermelada amarga de zarzamora salvaje
durante dos meses, para acabar el bote. El caso es que te han colmado de
papeles inútiles.
Las
estadísticas nos dicen que una familia de tres miembros puede consumir al año
más 500 kilos de papel; no me extraña, pues, que los ecologistas –los de
verdad- manden notas de prensa denunciando tan elevado derroche. Pero, claro,
los papeles suelen guardarse escritos, impresos o firmados y realmente su valor
no es ya por su gramaje, color o forma, sino por el mensaje que contienen. “Las
palabras vuelan, lo escrito queda”, decían los antiguos. Precisamente por eso, por el valor de su
contenido, los papeles asustan a los políticos incumplidores, ilusionan a los
ilegales de la patera, atrapan a los funcionarios inútiles o corruptos y hacen
vociferar a los conductores irrespetuosos.
Y
como el papel lo aguanta todo, si quiere saber cómo va, de verdad, la economía
no haga caso de los números del Gobierno. Rebusque los papeles con el importe
de las compras del Alcampo o del Mercadona, de hace seis o siete meses, y
compárelos con el último que tenga. Ése es el IPC que vale, no el de los “84
bienes seleccionados a partir de la Encuesta Continúa
de Presupuestos Familiares (ECPF)”, que emplea el Ministerio para obtener un
índice de precios al consumo, siempre inferior a la realidad.
Con
esas subidas reales de precios, ni estirando los papelitos de los euros acabamos
el mes con liquidez. Vamos, no llega ni el padre que salía en el anuncio del Volkswagen Touran, uno que aparca solo y casi conecta con
la Muñiz para pagar el tique de la ORA. Y eso que el hijo del anuncio lo confesaba:
“Mi padre tiene poderes”. Pues, majo, ni los poderes de tu padre aguantan estos
precios.
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