sábado, 21 de diciembre de 2013

El almeriense es “asín”


La intranquilidad ciudadana por la posible desaparición de la conexión aérea Almería-Sevilla es una más. Estamos acostumbrados, en esta tierra, a pelear por mantener lo que tenemos, de tener que reivindicar que no nos quiten, en lugar de que nos den. Todas nuestra fuerzas se van en el “que me quede como estoy” como mal menor, en lugar de luchar por avanzar y conseguir mejoras. Y eso que aportar, aportamos como el que más al presupuesto común.

Ha pasado siempre. No ya con el robo de la denominación Costa del Sol, que era nuestra, sino con multitud de infraestructuras, servicios o vías de comunicación. El tren del puerto quedó en vía muerta y con él la posibilidad de relanzar unos muelles que no sólo buques sino, también, perdieron sus paseantes de aquella ilusión del proyecto Puerto-Ciudad. ¿Y la autovía A-92 que aún no ha llegado al término municipal de la capital?. O el AVE, cuyas vías trazan su cremallera por muchos kilómetros de la provincia y, aún, no saben si estarán en servicio para el 2018, 2019 ó 2020… Menudo pitorreo.

La línea de ferrocarril Guadix-Almendricos, que unía la comarca del Almanzora con Andalucía y el Levante español, nos la birlaron tras una Nochevieja de resaca socialista. Aquel vetusto tren expreso nocturno con Madrid, que cumplía un servicio público fundamental en las familias con menos recursos, no ha vuelto a arrancar de la vía uno y los parientes que decían adiós sobre al andén han desaparecido de la faz de la estación. Una estación, maravillosa, que se cae a pedazos en lugar de ser disfrutada por todos. A nadie le importa.

Lo dicho; gracias a la inutilidad de nuestros políticos y, porqué no decirlo, al carácter bonachón y conformista del almeriense cada contienda que, de tarde en tarde, sale en los periódicos es por mantener lo que tenemos y no por obtener nuevos servicios, mayores inversiones.

La lista de agravios, si repasamos la prensa de la segunda mitad del siglo XX, es interminable. A los ya mencionados podríamos añadir el caso de El Corte Inglés, el cachondeo del soterramiento o el hospital Materno-Infantil, en cuyo solar sembrado de migas de hormigón corretean las lagartijas, se pudre la basura y se mueren de risa los cimientos. Si cada padre o madre que lleva a su hijo malito a Torrecárdenas le diera un puntapié –virtualmente, claro- en el culo al responsable de que aquello esté como está, ya tendríamos el hospital infantil funcionando desde hace años. Un ilustre delegado de la Junta definió hace años a la perfección la apatía local: “el almeriense es “asín”.  Tenía razón; mientras no le quiten las tapicas y el solecico, todo va bien. Aunque estemos en la misma pelea social que nuestros antepasados del siglo XIX.

martes, 26 de noviembre de 2013

Operación “mesa de camilla”

Las películas americanas han hecho mucho daño. Malvado imperialismo... Por eso, cuando un organismo oficial y tan serio como la Junta de Andalucía lanza un comunicado informando que la policía de Susana ha desmantelado una organización de juego ilegal, las escenas del séptimo arte te vienen a la cabeza. Te imaginas lo que el cine nos mal enseña: agentes pertrechados de chalecos antibalas y gafas de visión nocturna, pistola en mano, asaltando a gritos un garito donde jugadores de naipes con sus humeantes cigarrillos en la boca manejan billetes de cien dólares; donde chicas rubias de bote posan semidesnudas con un vaso ancho de licor amarillento en la mano que, a buen seguro, no beben porque les sería imposible mantener el equilibrio en el filillo de la silla donde se posan como buitres, mientras un tipo gordo suda, fuma, bebe y juega compulsivamente a las cartas. Y en el centro, una gran mesa de madera de roble, bajo una lámpara encendida y ennegrecida por la nicotina, llena de cartas, billetes y pagarés al portador. La gran pantalla tiene esas cosas.

Así, mientras El Ejido lloraba por la destructiva granizada que provocó decenas de millones de euros en pérdidas, entre hortalizas aún sin recolectar e infraestructuras agrarias desplomadas, un listo de la Junta ordenaba emitir una nota de prensa diciendo que, en ese municipio, la policía andaluza había detenido a ocho amigos que jugaban a las cartas.

Muy apropiado el día y el tema; más aún cuando la nota de prensa recogía que cada “delincuente” tenía sobre la mesa una media de 150 euros. Y, para rizar más el rizo de lo increíble, se adjuntaba una foto del lugar del “crimen”: Una mesita de camilla redondita y modesta rodeada de sillitas, donde sólo se echaba de menos a una abuela sentada con su enagua, un cafelico con leche y los cartoncicos del bingo casero. Eso sí; horas después de la tormenta de granizo que cayó sobre El Ejido, para la web de la Junta no había pasado nada, porque nada decía, mientras los medios se hacían eco de la exitosa operación policial contra los  de la mesa de camilla por obra y arte del comunicado oficial.

Sí, los sujetos habrán infringido la ley del juego, pero este asunto no deja de ser una respuesta propagandística a otro afán recaudatorio del gobierno. No tiene suficiente con freírnos a impuestos que, también, lanza una nota para avisar a quienes siguen repartiendo la baraja sin pasar por la caja autonómica. Pero, ojo, no es mucho más grave que lo que hace Hacienda del Ayuntamiento de Almería con sus contribuyentes: te manda a la policía local a tu casa para entregarte en mano el reclamo con recargo del pico aún por pagar de una tasa injusta y arbitraria.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Aceiteras rellenables


Mi amigo David Uclés no ha tardado ni dos segundos en subir la noticia al “Facebook”, ya que tratándose de un asunto agroalimentario a él no se le escapa ni una; además, pretende –como buen maestro- que todos compartamos sus lecturas. Así que en entre conocidos que salían retratados bajo nubes negras o etiquetaban videos de la granizada del Poniente, he podido saber que el Consejo de Ministros prohibirá que los hosteleros rellenen las aceiteras. Sí, ésas toqueteadas por mil manos que le ponen en el bar cuando le sirven la tostadica mañanera o la ensalada del primer plato del menú a cinco euros. Ésas botellas que llevan la etiqueta “virgen extra” o “picual del desierto” o “selección gourmet”, pero cuyo cuello ha sido violado mil veces por un embudo y su interior ultrajado por un líquido dorado, al que venden como aceite del bueno.

 La medida del gobierno no nos va a sacar de la crisis, pero sí evitará algún dolor de estómago. No tuvimos bastante con el aceite de colza desnaturalizado (aquel cuyo bichito se caía al suelo y se moría, según el ministro de Sanidad de la época), para que cuatro taberneros jueguen con la salud de los consumidores por ganar cuatro perras. No obstante, quienes acostumbran a comer, tapear o desayunar en bares y cafeterías ya saben donde dan gato por liebre, mantequilla del Lidl por Lorenzana o, mejor dicho, aguachirri refinado por aceite de oliva.

La hostelería, en general, necesita una regulación estricta y unos controles de la Administración muy exhaustivos. Por mucho que se quejen los profesionales de la hostelería, mientras en el sector haya gente que no lo es, ni quiere serlo, los consumidores y las autoridades tendremos que ir con la mosca detrás de la oreja. En Almería, por poner un ejemplo, queda mucho por hacer y, sí, aunque seamos los reyes de las tapas, en materias como el control sanitario, limpieza o manipulado de alimentos nos falta camino por recorrer. Así lo creo, aunque seguro que algún camarero me estará poniendo verde mientras, con las dos manos, sostiene una garrafa de aceite con la que rellena una botellita que pone “gourmet” en su etiqueta negra.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las jarapas de Letizia


El sector turístico de la provincia debe de estar contento. En una misma semana se han juntado, como caídos del cielo, varios eventos inesperados que correctamente aprovechados no sólo supondrán buenos ingresos coyunturales, sino un reclamo para futuros turistas. Me refiero, cómo no, a la visita de los Príncipes de Asturias al Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y a toda la parafernalia anexa a “Exodus”, la superproducción cinematográfica que se graba en Almería.

A buen seguro que la película ya está mejorando las cuentas de hoteles, restaurantes, pubes, bares y comercios. No por planificada, la lluvia de dinero que deja un acontecimiento así puede multiplicarse si los responsables políticos del sector turístico andan listos y utilizan sus armas de encanto y promoción para que los “peliculeros”, cuando se vayan, sean buenos y no malos embajadores de nuestra tierra. Espero que estén trabajando en el asunto, aunque los primeros días ví deambular por la plaza de los Burros y el Paseo a muchos técnicos o artistas de “Exodus” como perdidos, casi ciegos, sin un lazarillo turístico que les indicara donde satisfacer sus ansias de ver cosas y gastar cuartos. Dicen que cuando esta gente rodó en Canarias todo fueron atenciones de los organismos públicos… Deseo que se marchen de aquí con nuestros paisajes y clima grabados en el 3D de la película… y en sus retinas.

Otra cosa ha sido lo de los Príncipes. Nadie se imaginaba que el heredero de la Corona visitara Almería durante el puente de “Todos los Santos”. Una lotería así hay que aprovecharla desde el punto de vista promocional (a ver qué "inventan" el Patronato o la Junta), tanto de la provincia, como –supongo harán- los dueños de cada negocio donde Felipe y Letizia compraron, comieron o cenaron. Dentro de poco veremos qué empresarios han sido los más inteligentes en eso del marketing “real”.

Claro que, vamos apañados, si esperamos que medios públicos, como RTVE, nos ayuden en la promoción y se hagan eco de la estancia de los Príncipes. En la desconexión regional del lunes, el muchachico que lo presenta no hizo ni una referencia a la visita real a Almería, y eso que dedicó gran parte de su microinformativo a la ocupación hotelera en Andalucía. Eso sí, sacaron a un personaje de Málaga que, balbuceando español, dijo haber visto pasar más autobuses que otras veces por la calle de su chiringuito. Lamentable. Nos quedamos sin ver en la tele cómo era el negocio donde Letizia compró sus jarapas de a 5 euros.

jueves, 24 de octubre de 2013

Manolo Escobar y el falso progresismo


 

Al falso progresismo nunca le ha gustado Manolo Escobar. Éso de que la letra del “¡Viva España!” (“Entre flores, fandanguillos y alegrías/ nació en España la tierra del amor./ Sólo Dios pudiera hacer tanta belleza/ y es imposible que pueda haber dos”) hablara de Dios, del amor, de la unidad de la Patria y de España era demasiado para un progresista de pro.

Luego, quienes presumían en el bar de llevar en el coche los “casettes” de Serrat, Aute, Víctor Jara o Pablo Milanés, oían “El Porompompero” en la soledad de los semáforos en rojo o de las curvillas del Cañarate. Cuando, una vez, tuve que viajar en un vehículo de alta gama propiedad de uno de estos falsos progresistas, observé que llevaba no uno, sino tres álbumes de Manolo Escobar en la guantera del salpicadero. Conforme los descubría y sin inmutarse, me dijo, torciendo su cuello, que los utilizaba como método educativo para sus alumnos ya que las letras de sus canciones “testimoniaban épocas pretéritas”. “Éste imbécil se cree que yo soy tonto”, pensé mientras el susodicho rojo ponía en el radiocasete la cinta de L´Estaca del afrancesado –en todos los sentidos- Lluis Llach. Menudo viaje me dio, con lo que podíamos haber disfrutado escuchando “La minifalda”, “¡Ay, Caridad!” o porqué no “Mi Carro”.

Claro que también conozco a ecologistas convencidos que han defendido siempre al cantante almeriense por su defensa de lo natural, frente a los potingues artificiales de laboratorio: “No te pintes en la cara/colores artificiales /que los tuyos son bonitos /y además son naturales” cantaba el paisano en los años setenta. Un saltimbanqui antiguerra, de ésos que sacaron el pescuezo en la época de Aznar, me confesó que cantar esa letra era un desafío a las grandes multinacionales de los cosméticos y que, sólo por eso, Manolo Escobar merecía su admiración eterna.

En 2006, cuando el equipo del anterior rector de la Universidad de Almería, Alfredo Martínez Almécija, tuvo la valentía de otorgar a Manolo Escobar el escudo de oro de la institución, ya tuve la oportunidad de confirmar cómo el ejidense levantaba admiración en todos, incluido los “falsos progresistas”. Quienes no acudieron al acto de imposición de la condecoración por no molestar a sus ideólogos de izquierdas, abordaron al paisano por pasillos, escaleras, esquinas y estancias de la Universidad para saludarlo, fotografiarlo y abrazarlo. Más de veinte minutos tardó en recorrer unos pocos metros hasta llegar, ¡oh sorpresa! al aula de música, donde los jóvenes artistas dirigidos por el profesor Juan Muñoz le recibieron con los acordes de sus canciones. Y Manolo Escobar, rodeado de fans y de fans que nunca reconocerán que lo son, comenzó emocionado a cantar “¡… Y Viva España!” (La gente canta con ardor /"Que Viva España"./La vida tiene otro Sabor/ Y España es la Mejor).

Descansa en paz, maestro; paisano.

martes, 8 de octubre de 2013

Sevillano listo, almeriense tonto

SI usted, como yo, es natural de Almería, no se ofenda con mi titular. La fórmula "Sevillano listo, almeriense tonto" es ni más ni menos la que utiliza la Junta de Andalucía, desde 1982, para el reparto de cargos públicos, la distribución de consejerías y el nombramiento de representantes en los consejos de empresas y sociedades públicas. 

Ya no vamos a hablar más de cómo el nuevo tiempo de Susana Díaz, al frente del gobierno autonómico, es rancio y reiteradamente injusto con la provincia. Ya, se trata de un estigma que los sevillanos verdiblancos nos han pegado en la etiqueta de almeriense. La estadística es insultante: No hay ningún consejero o viceconsejero almeriense, pero tampoco lo hay entre los más de medio centenar de puestos nombrados a dedo en el Consejo Consultivo de Andalucía, la Cámara de Cuentas, el Consejo Audiovisual, la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz y el Consejo de Administración de la Radio Televisión de Andalucía (RTVA), Canal Sur. De esos cincuenta miembros, Sevilla le gana a Almería por un rotundo 24-0. Si eso no es marginación, que venga Blas Infante Pérez de Vargas y levante acta, que para eso fue notario antes que "padredelapatriaandaluza". 

Recuerdo que, a mediados de los 80, le pregunté con la osadía de un periodista novato a José María Rodríguez de la Borbolla Camoyán, segundo presidente en la historia de la Junta, porqué no había almerienses en los puestos de decisión de su ejecutivo. Fue en Los Almendricos, en la conclusión de una visita oficial que efectuó para prometer un montón de cosas a los gitanicos del barrio. Y "Pepote" -como le llamaban- me echó el brazo izquierdo por el hombro y me intentó explicar que lo importante era "Andalusía" y no la procedencia geográfica o el lugar de nacimiento de sus consejeros…  que se habían elegido a los mejores para cada cargo.... El mismo argumento que, casualidad, utilizaron durante décadas Chaves, Griñán y ahora Díaz. Los más listos, sin importar de dónde son. ¡Ya!

El caso es que pasan los años, los gobiernos autonómicos, los presidentes… y siguen creyendo que los inteligentes son quienes nacieron a la rivera del Guadalquivir y los de Almería somos más tontos que Abundio, (¡"quillo, que léjo tál desierto, pólavirgen!" me dijo una vez un listorro de Triana, agarrado a un catavinos). En Sevilla nos están haciendo pagar aún aquel fiasco de referéndum por la autonomía de 1980 en el que, según las reglas pre establecidas de juego, la provincia no obtuvo el porcentaje de síes estipulado. No hay otra lógica, porque los almerienses seremos especiales, pero de tontos no tenemos ni un pelo, quillo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

La fiesta de Blas


 

 
Entre fotografías de grupos de amigos y parientes vendimiando y bebiendo mosto en Abrucena, de abuelas de Pulpí convertidas en reinas de las fiestas en honor de San Miguel y de bebés recién nacidos con nombres tan bonitos como Zahir o Naydi, veo en un periódico toda una página a color dedicada a la crónica social de la apertura del año judicial en la provincia.

A juzgar por las imágenes, el fotógrafo empezó a trabajar cuando ya había transcurrido el presunto acto institucional (si es que hubo), porque las instantáneas recuerdan más a “La Fiesta de Blas”, aquella canción de Fórmula V (“que felices seremos hablando sólo de nuestro amor…”, decía la letra) que a un solemne y protocolario acto judicial, en el que los representantes judiciales lucen sus mejores galas. Llegaría tarde, ya digo. Y ahí están, posando para la cámara a ritmo de “patata”.

Nunca mejor dicho: es justo que los “operadores jurídicos” – como los define la crónica- tengan derecho a tomarse unas cervezas y unas tapicas a cuento de su profesión. Incluso la presidenta de la Audiencia Provincial puede tener razón al afirmar que, desde que llegó al cargo, busca “transmitir proximidad a la sociedad”. ¡Qué mejor acercamiento a los ciudadanos que encontrarse cara a cara, y con una croqueta del Club de Mar en la mano, al responsable del juzgado que ha fijado para dentro de trece, catorce o quince meses tu reclamación salarial!. Éso une mucho.

No está el patio para mucha mesa larga con “Cruzcampos” y platos de jamón más fotos del ágape en los medios. Hay juzgados saturados, con cargas infinitas, pocos o nulos medios, funcionarios sobrecargados, redes informáticas colgadas donde el tiempo se mide por otro meridiano y, sobre todo, unos responsables políticos que pretenden resolver el atasco obligando al ciudadano a que pase por caja.

Y aunque las citas se han acortado, hoy por hoy, existen personas que esperan a los meses de julio o septiembre de 2014 para que juzgados de lo Social de Almería atiendan sus demandas por despido laboral o por salarios impagados. Y luego, aguardar la sentencia…

Por poner sólo un ejemplo: el Contencioso Administrativo número 2 de Almería dictó sentencia el 30 de abril de 2013 a una demanda presentada el 9 de septiembre de 2010. Nada menos que dos años, siete meses y veintidós días para ¡encima! fallar contra el demandante porque no presentó su reclamación de cantidad fechas después de producirse el motivo de la demanda. Lo dicho, no está la cosa para fiesta.